NO SON MONSTRUOS
Estoy preocupada. En días pasados vi la manifestación de maestros en Barcelona. Muchos adultos, reivindicaban su lugar de víctimas de los niños, y temí que estuvieramos entrando en una forma de terrorismo escolar, tan preocupante como la situación que queremos denunciar. Los niños se pelean entre sí y a veces pueden ser crueles los unos con los otros, pero siempre han contado con adultos fuertes, seguros y estables que no de derrumbaban ante sus impulsos hostiles.Hasta hace poco, los adultos eramos capaces de contener las expresiones de violencia y les ayudábamos a lidiar con su sombra, que la tienen.
Cuando un adulto se "damnifica" (se pone de victima y se vuelve vulnerable) le da la impresión al niño de que sus impulsos son monstruosos y que algo muy malo pasa con él, que no hay reparación posible, cuando en realidad los niños son producto del sistema que hemos costruido los mayores a su alrededor. Son nuestro fruto, y nos aterrorizan porque a veces cuando actuan desproporcionadamente nos muestran cuanto nos hemos equivocado. No podemos demonizarlos y sentirnos débiles, debemos preguntarnos que hemos hecho mal y parar la violencia sin aterorizarnos por su existencia. El primer paso es volver las cosas a su sitio: ¿no era así hace diez, veinte años? ¿no existía un niño al que los demás apaleaban o ignoraban? seguía siendo malo, preocupante, pero los adultos sabíamos que hacer... Ahora parecemos desbordados.
Una de las razones de nuestra percepción sobre el incremento de la violencia es que las aulas se han convertido en el único lugar de socialización para los niños. En sus casas, niños y padres se ignoran, se enchufan a la televisión, pierden el contacto y los niños crecen solos. A los siete años ya llevan la llave del piso al cuello... Como es natural, viven sus impulsos, actúan las emociones y como en el libro y la película "el señor de las moscas" crean una organización donde el más débil no sobrevive. Donde vale la ley del más fuerte (¿a qué nos recuerda?).
La conclusión: los niños necesitan de los adultos y los adultos estamos ocupados. Terminamos viéndolos como extraños y lo peor, como contendores iguales. Los abandonamos en nuestra victimización y en nuestra debilidad, olvidando con frecuencia que las verdaderas víctimas son ellos.
Lilian Ortega
Psicóloga y terapeuta especializada en adolescencia y conferenciante en autoayuda y orientación vocacional.

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